martes, 14 de julio de 2026

35 años

 De acuerdo con Jung la mitad de la vida comenzaba a los 35 - 40 años, todo lo anterior era investigación.

En estos días, parece que mis redes sociales gracias a sus algoritmos saben que estoy por cumplir los 35 y en ciertas publicaciones mencionan que uno busca llenar lo que se dice que es algo exitoso ¿?.

El éxito para la sociedad viene en pequeños o grandes empaques como:

 Tener coche, casa, boda, negocio propio y otra serie de cosas materiales; y una vez alcanzadas estas metas, llega la gran pregunta ¿y ahora qué?

Como es mi habitual costumbre, me la pasó en mis pensamientos, viendo el año en retrospectiva y al ver ese tipo de publicaciones en mis redes sociales no pude más que pensar en mi “yo” del pasado aquella que a los 18, pensaba que a los 24 tendría carrera terminada, trabajo seguro, viviría en su propia casa y ya habría conocido al amor de su vida. 

Y cuando llegaron los 24, estaba lejos de tener esa “vida perfecta” como guión de cine; A los 24 apenas estaba tomando forma la vida laboral, y así cada año ha sido distinto, la vida es constante movimiento y evolución.

Hoy a mis casi 35 años, me siento menos perdida, siento que he cultivado mi “yo interior”, a veces a chingadazos, donde por momentos uno queda en pedazos y debe reconstruirse, pero cada reconstrucción lleva oro para sellar las grietas. Cada reconstrucción trae una nueva versión, no mejor o peor que la anterior, solo nueva, con más experiencia y más sabiduría. 

Tras haber vivido la “mitad de mi vida”, no tengo nada de lo que venden en el empaque de “persona exitosa”, pero tengo algo que no se vende, he aprendido a escuchar más allá del ruido, donde en momentos de silencio no existe vació si no presencia, la mía, ese dulce corazón lleno de aspiraciones y metas personales, esa mente dubitativa y por momentos ansiosa pero que me acompaña en cada decisión que siempre termina llevándome por caminos que me hacen crecer como persona.

Estoy rodeada de gente que me aprecia, que me quiere y que me regalan una sonrisa, un abrazo o un oído cada que lo necesito, eso es verdadero éxito. Encontrar personas y lugares donde sentirse bien por ser uno mismo, sin máscaras o engaños. 

Para la siguiente mitad de mi vida, deseo más cafés compartidos, comida deliciosa, nuevos lugares para que mi capacidad de asombro siga siendo la misma que la de un niño chiquito, “mis personas” con las que pueda seguir fomentando esas arrugas al lado de mis ojos que reflejen lo mucho que he reído 


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